Oración jueves 21 de Mayo
Buenos días, Cristo Reina, nos preparamos para la oración….
Buenos días, Cristo Reina, comenzamos la oración de la mañana…
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…
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Vamos a relajarnos… cerramos nuestros ojos…. Nos sentamos cómodos….Respiramos profundamente… y vamos a llevar nuestra mano al pecho y a notar como late lentamente nuestro corazón ….Con esta tranquilidad, Señor Jesús, comenzamos este nuevo día poniéndonos en tu presencia.
Al comenzar este nuevo día, te damos gracias por la vida y por este tiempo de Pascua en el que celebramos que Jesús vive.
Este fin de semana celebraremos una fiesta muy importante para los cristianos: Pentecostés.
Pentecostés recuerda el momento en que el Espíritu Santo llenó de fuerza y alegría a los discípulos de Jesús. Ellos estaban asustados, encerrados y con miedo. Pero, de repente, sintieron dentro de ellos algo nuevo: valentía, esperanza y ganas de salir a ayudar a los demás.
A veces nosotros también nos sentimos así: con miedo a equivocarnos, a no encajar,
a que se rían de nosotros, a no ser suficientemente buenos.
Pero Pentecostés nos recuerda que dentro de cada persona hay una luz capaz de hacer mucho bien. El Espíritu Santo llega para transformar nuestros corazones.
Y para pensar sobre esto, vamos a escuchar un pequeño cuento.
Hace muchos años, en un pequeño pueblo, vivía un anciano que cada noche salía a caminar con un farol encendido.
Lo curioso era que aquel hombre apenas veía. Tenía la vista muy cansada y caminaba despacio apoyándose en un bastón.
Una noche, un joven del pueblo le preguntó riéndose:
—¿Para qué llevas un farol si casi no puedes ver?
El anciano sonrió y respondió:
—El farol no es para mí. Es para los demás.
El muchacho no entendió nada.
Entonces el anciano continuó:
—Cuando camino con esta luz, otras personas pueden verme y evitar chocar conmigo. Tal vez yo vea poco, pero mi luz puede ayudar a otros a encontrar el camino.
El joven se quedó callado.
Aquella noche comprendió algo importante:
una pequeña luz puede cambiar mucho la vida de los demás.
A veces pensamos que para hacer algo importante hay que ser el mejor, el más fuerte…
Pero no es verdad.
Hay personas que hacen mucho bien simplemente escuchando, ayudando, compartiendo, defendiendo a alguien que está solo o siendo amables cuando nadie lo espera.
Pentecostés también habla de eso.
De personas normales que se llenan de la luz del señor y la comparten.
Quizá hoy tú puedas ser ese pequeño farol para alguien.
Tal vez: ayudando a un compañero, teniendo paciencia, evitando una burla, pidiendo perdón, o animando a alguien que lo necesita.
Vamos a pensar un momento:
¿Quién ha sido luz para mí alguna vez?
¿Y para quién puedo ser yo luz hoy?
En este mes de mayo, nos acordamos de manera especial de nuestra madre, de María, a ella, que también se llenó de ese Espíritu Santo que Dios nos regala, le pedimos que nos ayude a vivir este próximo Pentecostés con un corazón abierto, alegre y valiente.
Que siguiendo su ejemplo de servidora fiel de cristo, sepamos llevar esperanza donde haya tristeza; amistad donde haya peleas; y alegría donde alguien se sienta solo.
Haznos personas que iluminen, como el anciano de la historia.
Que nuestras palabras ayuden y nuestras acciones hagan el bien.
Con este deseo, rezamos todos juntos el Ave María:
Dios te salve María,
Llena eres de gracia,
El señor está contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén
En palabras del padre Gras:
“Oh María, alcánzanos la gracia de que todos los que aclamamos en nuestro corazón la Soberanía de tu Hijo, vivamos encendidos en celo por la dilatación en la tierra de su Reino.”
CRISTO VENCE, CRISTO REINA, CRISTO IMPERA, CRISTO LUZ INFINITA, ALUMBRA NUESTRA INTELIGENCIA, AMÉN.
¡Qué paséis un buen día!