Oración Lunes 13 Abril
Buenos días, Cristo
Reina, nos vamos a preparando para la oración de la mañana.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.
Coge aire... acomódate en tu asiento... respira... cierra tus ojos si te ayuda... conecta con tu interior... imagina tu corazón, su latido.... acompáñalo de una respiración tranquila y profunda... prepárate para conectar un ratito con Dios.
Hoy, el grito de los
primeros discípulos resuena en cada rincón de nuestras vidas. ¡Jesucristo ha
resucitado! ¡En verdad ha resucitado!
No es un eco del pasado,
sino una voz viva que nos llama a la alegría, al perdón y a la esperanza renovada.
Cada corazón que se llena de esta certeza se convierte en un pequeño faro de
luz, llevando la Resurrección a los que aún viven en la sombra. Es un llamado a
mirar más allá del dolor, a encontrar en las pruebas de cada día una
oportunidad para renacer, para abrir las manos y ofrecer amor sin medida, para
limpiar los rincones del alma donde todavía habita el miedo o la tristeza. La
Resurrección nos invita a transformar nuestro mundo desde lo cotidiano: en una
palabra de consuelo, en un gesto de reconciliación, en la paciencia con los que
nos rodean, en la solidaridad con los más necesitados. Cada acto de bondad,
cada sonrisa compartida, cada oración silenciosa, se convierte en un eco de
aquel primer “¡Ha resucitado!”, un testimonio vivo de que la vida siempre vence
a la muerte, la esperanza destruye la desesperación y la luz disipa cualquier
oscuridad. Que este grito no se quede en un instante de júbilo, sino que se
transforme en una llama constante que ilumine nuestro caminar, guiándonos a ser
portadores de la Resurrección en todos los lugares donde estemos, hasta que,
finalmente, cada corazón reconozca la victoria del Amor que no tiene fin.
La Resurrección no es
solo un acontecimiento lejano en el tiempo: es un llamado diario. Nos invita a
renacer en la paciencia, a perdonar con generosidad, a mirar al prójimo con
ojos de misericordia. Es un día para limpiar los rincones de nuestra vida donde
aún habita la tristeza, para plantar semillas de alegría y reconciliación.
En cada mesa familiar,
en cada saludo cordial, en cada gesto silencioso de amor, el milagro se repite.
Hoy podemos ser mensajeros de esperanza, recordando que la luz siempre regresa
después de la noche más oscura. Que nuestra fe, como la piedra removida del
sepulcro, se abra y nos deje salir a un mundo nuevo, con manos generosas y
corazones alegres.
La Resurrección, es una
invitación a vivir cada día con la certeza de que la vida triunfa, y que cada
uno de nosotros puede ser testigo de ese milagro.
Con este deseo, de intentar ser más generosos, de tener paciencia, de dar lo mejor de nosotros mismo a los demás, rezamos la oración que Jesús nos enseñó:
Padre Nuestro.
En palabras del Padre Gras.
“Necesitamos obras, no sonoras palabras; necesitamos acción, no mímica”
Cristo Vence, Cristo Reina, Cristo Impera, Cristo luz infinita alumbra nuestra inteligencia. Amén
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.
Que paséis un buen día y una buena semana.